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Diferencias entre la cultura tradicional y las organizaciones ágiles

La innovación pasó a ser un imprescindible para el crecimiento y sustentabilidad de sus negocios. El contexto actual en el que todo se vuelve digital y global, ha permitido la aparición de un nuevo tipo de organización, que se caracterizan por ser más ágiles en crear nuevas y mejores ofertas de valor para sus respectivos mercados.

¿Qué pueden aprender las empresas tradicionales de estas organizaciones ágiles?

Primero, todas están construidas sobre la base de un propósito movilizador y transformacional que va mucho más allá de sólo ganar más dinero, buscan cambiar el mundo para mejor.

Para aportar una visión concisa del proceso de trabajo Scrum seleccionamos ciertos puntos fundamentales, en los que no solo podemos comprobar cómo se aplica el proceso Scrum en un grupo de trabajo.

Un proceso tradicional se basa en:

– Requisitos previos del proyecto: Tradicionalmente las consideraciones previas son muy detalladas y con poco margen. No es que el Scrum prescinda de datos previos, sin embargo esta información no deja de ser un esbozo, que además evoluciona con el proyecto.

– Objetivos del proyecto: Lo que se busca habitualmente es un cumplimiento exhaustivo de un plan pre-establecido, con una serie de plazos innegociables. En el ideario Scrum figura, como condición indispensable, la entrega continua de valor, más allá de planes petrificados.

– Establecimiento de condiciones: En lo que se suelen basar las relaciones comerciales es en contratos, en base a los cuales se realiza un seguimiento. Los proyectos basados en Scrum fomentan relaciones basadas en la colaboración.

– Gestión de grupos: En este caso enfrentamos un modelo basado en la colaboración dirigida, con una visión basada en la colaboración entre iguales, diluyendo las jerarquías.

– Conocimiento: En los proyectos Scrum se buscan personas con un conocimiento amplio, capaz de determinar nuevas relaciones entre conocimientos muy dispares. El modelo habitual se centra en personas con un conocimiento concreto, relativo al tema central en cuestión.

– Funciones de los miembros: Habitualmente las funciones tienden a individualizarse, incluso si trabajamos en grupo. Un modelo Scrum debe basarse en equipos colaborativos, en los que las tareas son auto-asignadas.

– Documentación: La base de los equipos de trabajo actual es la documentación y, como veíamos, un conocimiento preciso y concreto. Lo que pretendemos es trabajar con una documentación mínima, conociendo el objeto de nuestro proyecto, pero dejando que las personas que integran el grupo eviten corsés pre-establecidos.

– Proceso comunicativo: Frente a modelos comunicativos formales, la técnica Scrum fomenta una comunicación continuada, y por lo tanto informal.

Pautas de la metodología ágil “Scrum”

Esta serie de criterios de trabajo debe dar como resultado un proceso que se traduzca en resultados concretos. Trabajar con un modelo Scrum sirve de poco si los integrantes del grupo y nuestros clientes no perciben las consecuencias.

En relación con el ambiente interno, los proyectos Scrum fomentan la flexibilidad. En ocasiones la adaptación puede suponer un reto, sin embargo, una vez percibimos sus ventajas, el trabajador es capaz de superar los cambios, ajustando sus capacidades de forma continua.

La motivación también es importante en un sentido interno. Fomentar la creatividad en grupos de trabajo y comprobar que el proceso tiene resultados, es la mejor forma de que un equipo se sienta valorado y dispuesto a afrontar nuevos desafíos.

En relación con el cliente, los proyectos Scrum tratan de fomentar que forme parte del proceso. Sus expectativas son atendidas continuamente, cliente y equipo trabajan por un fin común y esto es percibido de manera inmediata.

En cuanto al propio proceso, existen ciertas consecuencias que hacen del modelo Scrum un proceso óptimo para todo tipo de empresas. Los resultados anticipados, la maximización del ROI y la mitigación de riesgos en general, permiten que cualquier tipo de negocio pueda desarrollarse de manera segura y orgánica.

¿Por qué no un modelo de proyecto tradicional?

Si comparamos un proyecto tradicional con las conclusiones extraídas en el punto anterior, lo que vemos es que al cliente se le tiene en cuenta al principio y al final del proceso, pero no se le permite participar activamente en el desarrollo.

Los equipos suelen estar muy dirigidos y mediados desde el principio. Los objetivos se establecen desde un primer momento y todo el desarrollo del proyecto está encaminado hacia estos objetivos.

Por último, la motivación de los integrantes del grupo de trabajo puede decaer, ya que en la mayoría de las ocasiones son tratados como autómatas, simples herramientas de un proceso que está definido por una jerarquía superior.

¿Significa esto que debemos desechar los modelos tradicionales? No, al menos no inmediatamente. Un modelo de proyecto Scrum debe ser implantado por profesionales, capaces de organizar procesos útiles. Evidentemente la organización tradicional ha funcionado, y de hecho sigue funcionando, en muchas empresas, sin embargo todavía sigue generando un factor de riesgo muy alto, además se obvian las capacidades de los trabajadores y el papel del cliente en el proceso.

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